En medio del silencio allí te encontré, cuando mis pasos no encontraban sentido, cuando mi voz clamaba tu presencia; en el momento en el que mis oídos anhelaban escuchar tu voz, allí estabas tú rodeando mi pequeñez y haciéndome grande ante tus ojos; allí estabas tú en mis segundos de agonía, cuando mi vida no encontraba paz en este mundo tu gracia divina me acompañaba y tu voz me decía: ¡no estás sola! cuando colocaba mis inseguridades y miedos como escudo, tu bajabas mis armas y me mostrabas que podía, aún cuando mi cansancio me hacía sentir indispuesta ante ti, tus brazos me brindaban la fuerza para seguir caminando.
Eres mi fortaleza, las manos que me alcanzan, la lluvia que me refugia, la gracia que me sostiene, eres el lugar al que pertenezco.