
En la vida hay tantos misterios, tantas huellas que no llevan a ningún camino , tantas palabras sin ningún sentido, tantas risas vacías, tantos amores no correspondidos, tantas manos caídas, tantas miradas perdidas, tantos sueños sin cumplir, tantos sonidos sin descubrir, tantos pensamientos que pueden ser relevantes, pero que por los miedos desconocidos de cada persona, son incapaces de ver la luz, tantas ideas que podrían crear conciencia, pero sin conciencia del que las piensa no valen nada.
Tantos medios de mover masas, de tocar los corazones, de encender los motores de la sociedad, que podrían ampliar el conocimiento pleno de la vida, la esencia sublime del ser humano, el saber mas allá de lo abstracto, llegando al origen, al nombre verdadero, al sujeto sublime, al encuentro del alma, al cuerpo de la vida.
Es hora de que despertemos los corazones que se encuentran desidiosos, para aludir a nuestra tarea divina que es salvar las almas, que es dar a conocer al creador y ejemplo digno de imitar, al dador de vida, que es importante por sí mismo, al que mis dedos no se casan de escribir, al que mi mente rinde deferencia permanente y al que mi corazón se rinde en eterna sencillez.
Alexandra Rodríguez
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